Lo que espero de “Hasta los huesos”

En los últimos días se ha hablado mucho sobre un nuevo estreno de Netflix, una película que trata sobre la anorexia: Hasta los huesos (“To the bone”). Su estreno es este viernes 14 de julio en la plataforma citada y sé que voy a verla a lo largo del fin de semana aunque no estoy totalmente segura de que vaya a ser lo que estoy esperando. Lo cierto es que como psicóloga tengo sentimientos encontrados de cara a cómo va a ser la película y, aunque el tema cinematográfico no es un tema habitual en nuestra página, si que me gustaría dar mi opinión al respeto acerca de cómo debería abordarse el tema de la anorexia.

Por un lado, me gustaría que la película reflejara lo que es realmente esta enfermedad, cómo afecta a las personas que la padecen y a sus seres queridos y el gran labor que hacen los profesionales para tratar estos problemas tan difíciles de tratar. Me parece una difícil labor por parte de la directora y guionista Marti Noxon, a pesar de haber padecido, por lo que he leído, este trastorno en su adolescencia. El trabajo de los actores y actrices no es ni mucho menos más fácil, si no que, sobre todo los personajes que van a hacer el papel de personas con anorexia, deberían ser conscientes de la importancia de su papel en esta película, ya polémica, debido a la repercusión mediática y a cómo puede afectar a la gente más joven.

Por otro lado, me da un poco de miedo que la respuesta sea negativa y que se utilice la comedia para infravalorar la importancia que tiene este tipo de trastornos. Como psicóloga utilizo el humor en muchas ocasiones con mis pacientes, pero soy consciente de que dependiendo de como se utilice puede ser más perjudicial que beneficioso. Otro aspecto que también puede ser preocupante es el hecho de que la gente tome como modelo de vida la historia que se cuenta.

Desde el punto de vista psicológico, apreciaría que los personajes tuvieran sentimientos reales, tal y como los tienen los pacientes. Por lo que se ve en el tráiler, por lo menos, se hace hincapié en la sensación de control que tienen estas personas acerca de la comida y de lo que les rodea y de la importancia que le dan a este aspecto. Además, me gustaría ver que el tratamiento utilizado (en este caso es una casa con más personas con sus características) es acertado y que se ve realmente el trabajo que hay detrás.

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Para finalizar os dejo un link en el que la protagonista, Lilly Collins, explica por qué considera que es importante conocer lo que sucede detrás de un trastorno alimentario y que está más normalizado de lo que podría parecer, de ahí la importancia de darlo a conocer en una película.

¡Gracias por leerme!

 

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¿Cómo aumentar la seguridad en uno mismo?

SIETE CONSEJOS


TOMA CONCIENCIA DE QUE TU RESPONSABILIDAD AHORA ES EMPEZAR A TRABAJAR CONTRA TU INSEGURIDAD: Declara en voz alta y para ti mismo/a que puedes gestionar tu falta de seguridad. Ese será tu punto de partida. Todas las personas somos en cierta medida inseguros/as, puesto que las experiencias no siempre nos dejan buen sabor de boca y muchas situaciones se escapan de nuestro control. Pero digamos que a la hora de manejar esa inseguridad podemos hacerlo de manera positiva (acepto mis zonas inseguras, puedo hablar de ellas, lucho por cambiarlas y emitir otra respuesta) o de manera negativa (a través de celos, envidias, chantajes, obrar mal, etc.). Un ejemplo de mala gestión de las inseguridades podemos ponerlo en los sujetos maltratadores que por definición son personas acomplejadas e inseguras, y manejan esto a través del mecanismo de defensa de la proyección, es decir, proyectan sus inseguridades en la pareja con el único objetivo de que se sientan inferiores y carentes de valor, cuando es precisamente así cómo se sienten ellos. Por lo tanto, y volviendo al que debe ser el punto de partida, habla contigo mismo/a de tus inseguridades, por ejemplo: “Soy inseguro/a con mi físico, pero poco a poco voy ganando más confianza y me gusto cada vez más”, “Sé que soy inseguro/a en las relaciones sociales así que voy a intentar cambiarlo”, “Me muestro muy inseguro/a con mi jefe así que voy a tener que trabajar duro para no considerarme tan inferior a su lado”, etc. Comprométete con el cambio de aquello que te hace daño.

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DESCUBRE QUÉ TE HACE SENTIR INSEGURO/A: No siempre es necesario saber los porqués pero te pueden dar perspectiva y ayudar a que el cambio sea más rápido. ¿Qué personas o qué situaciones atraen tus sentimientos de inseguridad? Deberás empezar a trabajar por ahí, bien eliminando a personas tóxicas de tu vida (¡muy importante!), bien ganando en seguridad y fortaleza para afrontar esas situaciones. Será cuestión de adquirir las herramientas que te permitan hacer frente a esas situaciones que fomentan tu inseguridad para eliminar cualquier sentimiento negativo. ¡Atrévete a dar el paso!

QUÉ PENSAMIENTO TE PROVOCA INSEGURIDAD: Probablemente será erróneo, lo desenmascararás y avanzarás. Existen infinidad de pensamientos erróneos, a los cuales les llamamos pensamientos distorsionados, que se caracterizan por ser involuntarios, automáticos…y surgen en momentos de bajo estado de ánimo o baja autoestima (por ejemplo, ante síntomas depresivos o ansiógenos). Lo primero, y más importante, es reconocerlos y tomar conciencia de que no son racionales, para después, ir reestructurándolos y cambiándolos hasta adquirir una filosofía de vida más realista. Algunos de estos pensamientos podrían ser: “nadie me quiere”, “no le resulto interesante a nadie”, “todo el mundo habla mal de mí”, “no conseguiré nada en la vida”, “no valgo como persona”…

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PON EL FOCO DE ATENCIÓN EN TU PERSONA: Tu valor como persona es intrínseco, es decir, ¡vales simplemente porque existes! ¿Crees que eres una persona valiosa? Sea cual sea tu respuesta, te puedo asegurar que SÍ. Y debes empezar a creértelo.

VALORA TU OPINIÓN SOBRE TI: Siempre habrá personas más o menos seguras que tú. Pero compararse con los otros no te sirve de nada. La meta consiste en aumentar la seguridad en ti mismo/a, siendo tal como eres, no en relación a cómo son los demás. No te compares con los que consideres “mejores” que tú porque, aunque no sea algo malo como tal, puede contribuir a que en este momento te sientas inferior. Sentir admiración por otra persona puede ser algo maravilloso (de hecho es una pauta que se trabaja en Terapia de Pareja), pero en personas inseguras puede incrementar su sentimiento de inferioridad y esto puede llevar a una mala gestión de emociones. Es decir, el primer paso sería ganar en seguridad para después valorar a las personas que consideramos “mejores” en algún aspecto de la vida. Las personas inseguras tienden a compararse con las que consideran superiores, un mecanismo autodestructivo, porque es lo que hace que se sientan cada vez más pequeñas. Y, sin embargo, las que en ese mismo aspecto puedan ser objetivamente “inferiores” son totalmente invisibles para ellas. Por ejemplo, si eres estudiante y sacas un 7 en un examen y eres una persona insegura, te hará sentir mal saber que muchos de tus compañeros han sacado un 8, un 9 o un 10. Y los que sacaron un 6 y un 5, ¿los tienes en cuenta? ¿tienen relevancia en tus pensamientos? Seguramente no, o no te importen.

AGRADECE LAS COSAS QUE TE HACEN ÚNICO/A: Las cosas que no te gustan las podrás cambiar, porque has asumido tu responsabilidad al respecto, pero empieza por valorar todo lo que puedas de ti. Escribe en un papel cómo eres, tus defectos y virtudes. Pasado un tiempo valora detenidamente lo que aparece en la columna de virtudes, ¡valórate! Defectos todos tenemos, somos humanos, y es de sabios ir corrigiéndolos a lo largo de la vida, en eso consiste el aprendizaje. Pero, ¿y tus cualidades? ¿Las tienes presentes?

ACTÚA “COMO SI”: En teatro es una gran herramienta para practicar diferentes roles. Crea un personaje que ya tenga la seguridad que deseas y dale vida en tu día a día. Actuar “como si” hará que los cambios vengan más rápidos. Puede parecer una tontería pero confío fielmente en esta técnica. La utilicé hace un tiempo en consulta con una paciente muy insegura y con un fuerte sentimiento de inferioridad con respecto a los demás y le dije “actúa como si fueras una persona segura de ti misma, como si te gustaras, como si tu físico te encantara…” y los resultados pasado un tiempo fueron muy satisfactorios. No implica dar una versión falsa de uno/a mismo/a, sino ir verbalizando un cambio en cómo nos vemos (o nos gustaría vernos) a nosotros mismos para que, poco apoco, vayan cambiando nuestros pensamientos. Es un cambio algo inconsciente pero con muy buenos resultados. Primero actuamos “como si” fuéramos personas seguras y así lo verbalizamos para que, posteriormente, nuestros pensamientos se vayan acoplando a esa nueva visión de nosotros mismos.

 

¡Muchas gracias por leerme! ¡Hasta la semana que viene!

Cuando la obsesión es la comida

Ahora que llega el verano muchos de nosotros y nosotras podemos empezar a sentir que nuestro cuerpo no nos gusta. Sobre la operación bikini y la búsqueda del equilibrio entre la alimentación y el ejercicio ya hemos hablado en artículos anteriores en el blog ( Andar como hábito saludable y Dietas: La importancia del equilibrio). Sin embargo, ¿qué sucede cuándo esta preocupación se convierte en obsesión? Ya no sólo estaríamos hablando de un trastorno de alimentación, si no también de un trastorno obsesivo, en el que la persona se obsesiona por comer poco y “sano”.

Muy relacionado con esa obsesión está la ortorexia (término acuñado por el médico Steve Bratman en 1996). El autor definía la ortorexia como un problema de obsesión por comer sano, pero muy cercano a los trastornos de alimentación como son la anorexia o la bulimia (a pesar de que no se considera como trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5). Debido a que la persona que lo padece come sano, este problema pasa desapercibido, ya que se consideran hábitos normales, sin embargo estos hábitos que pueden parecer normales se convierten en obsesión y la cantidad ingerida y los alimentos tomados van disminuyendo, de ahí la importancia de conocerlo para poder actuar cuánto antes.

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Ortorexia Nerviosa. Una obsesión insana con la alimentación sana.

Hace varios días, salió en telecinco.es una entrevista a una persona que tiene ortorexia desde hace 15 años y en ella explica, que aunque al principio lo hacía para tener un vientre plano, con el tiempo se fue convirtiendo en una obsesión y se fue cronificando debido a algunos comentarios que recibía sobre su apariencia física y por la poca crítica que le hacían a su estilo de alimentación. Os dejo además su blog, por si queréis echarle un vistazo y ver lo que piensa acerca de lo que le está pasando.

El tratamiento para la ortorexia se basa, fundamentalmente, en explicar a la persona que aunque tome alimentos sanos, la alimentación que lleva a cabo no es tan sana y mucho menos equilibrada. A partir de ahí, se le proporcionará una psicoeducación para que vea lo que sería una alimentación saludable y que poco a poco pueda ir llevándola a cabo. Con el trabajo de diferentes profesionales, como son los psicólogos/as, nutricionistas y diferentes especialistas de la medicina, se intentará que la persona empiece a tener conciencia de la enfermedad y que a partir de ahí empiece a tomar alimentos que antes no tomaba. Además, si consideramos a la ortorexia como enfermedad cercana al trastorno obsesivo compulsivo, podría aplicarse un tratamiento de exposición con prevención de respuesta, en el que la persona vería como comiendo esos alimentos a los que le tiene miedo y aumentando las calorías que toma habitualmente, no se vuelve gordo/a ni lleva a cabo una mala alimentación.

En resumen, cualquier obsesión, por sana que parezca aparentemente no es buena y tenemos que ser conscientes de ello por si alguien de nuestro alrededor necesite nuestra ayuda.

 

¡Muchas gracias por leerme, hasta la semana que viene!

Es preferible un divorcio pacífico que un matrimonio en guerra

¿Por qué nos da tanto miedo romper una relación? ¿Cuándo y cómo debemos hacerlo? ¿Qué nos impide dar el paso?


 ¿Alguna vez te lo has planteado? ¿Has tenido miedo a dar el paso, aún teniéndolo muy claro? ¿Qué te ha frenado?

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Lo cierto es que romper una relación es una decisión importante, que debemos sopesar durante un tiempo, valorando todos los pros y contras. Supone un cambio, una ruptura de rutinas, una readaptación y una reestructuración de nuestro tiempo y, en definitiva, de nuestra vida. Implica romper un sentimiento, una pasión, un compromiso y, estaréis de acuerdo conmigo, esto cuesta más conforme pasan los años y hay más camino construido juntos.

En Terapia de Pareja vemos muchos casos en los que un miembro, o los dos, ya no se sienten felices en la relación, no le encuentran sentido y no saben qué hacer para salvarla pero, sin embargo, y MUY IMPORTANTE, están buscando ayuda. Eso significa algo. Relaciones que afectivamente ya no existen desde hace meses o años, compromisos que ya se han roto, comunicación que se ha perdido, conflictos destructivos constantes…y es precisamente en ese momento en el que yo siempre les planteo la misma pregunta: ¿y en este punto, queréis salvar vuestro matrimonio? Y la respuesta suele ser que .

Pero me he dado cuenta de que esta contestación no siempre es resultado de fuerzas internas de la pareja (¡que sería lo ideal!), es decir, no siempre viene del deseo de estar bien con la otra persona y de volver a ser feliz a su lado, de no hacerse más daño, de recuperar la ilusión…sino que hay un porcentaje que proviene del miedo a la reacción de los hijos, del miedo a la reacción de las familias propias y políticas si se lleva a cabo la separación, del miedo a estar solo/a, de que se rompa ese vínculo “idílico” de familia feliz al completo, de cuestiones económicas, etc. Es decir, empezamos a pensar en todos esos factores externos a la pareja y ajenos a nuestra felicidad pero que adquieren tanta fuerza que son capaces de tomar la decisión por nosotros.

¿Por qué mantener una relación que no nos hace felices por no decepcionar ni hacer daño a terceros? ¿Vale la pena?

Además, se suele creer erróneamente que para los hijos es más beneficioso tener a sus padres juntos incondicionalmente a pesar de que estén discutiendo todo el día, o padres que llevan años sin mostrarse absolutamente nada de afecto, relaciones en las que no existen muestras de cariño, en las que se gritan, se rechazan, se faltan al respeto, duermen en camas separadas… ¿Es este el coste? ¿Creéis que esto hace a los hijos más felices? Los hijos necesitan percibir la felicidad de sus padres y muchas veces esta felicidad llega cuando la pareja se separa.

“Hay parejas que están mejor separados/as”. Y esto es muy cierto.

¿Por qué depositamos nuestra felicidad en fuerzas externas? Una separación pacífica es mucho más beneficiosa para todo el entorno que una destrucción que lleva años implantada y que lo está quebrantando todo.

Creo que en esta vida todo es más fácil de lo que a veces pensamos (yo, la primera). Le aportaremos más felicidad a los nuestros cuánto más felices nos sintamos con nosotros mismos. Debemos perseguir nuestro bienestar individual y, luego, todo llega. No escojamos como opción una vida cargada de frustración por pensar que esto hará más felices a los nuestros. FALSO.

Si te lo estás planteando, dime, ¿en qué o en quién estás pensando? ¿En ti o en otras personas? ¿Qué pesa más?

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta la semana que viene!

¿Qué tipo de amor tienes en tu relación?

El amor es un tema del que muchos de nosotros y nosotras podríamos hablar, ya sea porque lo hemos vivido en nuestra propia piel o porque lo vemos reflejado en la gente que nos rodea. Sin embargo, lo que muchos y muchas no sabemos es que el amor se puede dar, y podemos vivirlo, de forma muy distinta dependiendo de con quién lo compartamos o del momento de la vida y de la relación en la que nos encontramos.

Una de las tipologías más conocidas del amor es el Modelo Triagnular del Amor de Sternberg. En este modelo, el autor considera que hay 3 componentes principales que caracterizan a los diferentes tipos de amor y estos son:

  • La intimidad: sentimiento de cercanía y afecto hacia el otro. Gustar.
  • La pasión: estado de excitacion mental y física. Encaprichamiento.
  • El compromiso: decisión de que uno quiere al otro. Amor vacío.

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La conjunción de dos de estos componentes desencadena en un tipo de amor. Por ejemplo si nos encontramos en una relación donde los elementos principales son la pasión y la intimidad, estaremos en una relación basada en el amor romantico, donde las personas que configuran la relación se atraen tanto física como emocionalmente, sin embargo por el momento no hay planes de futuro. La atracción entre ellos/ellas es más fuerte que el resto de la relación. Pero también podemos encontrar relaciones donde lo más importante es la intimidad y el compromiso, se trataría más de un amor de compañero, donde la relación que tienes con tu pareja es muy parecida a la que tienes con cualquier otro amigo, escasea la pasión y la atracción. Por último, viendo el triángulo, si juntamos los dos elementos que nos faltan encontramos el amor fatuo o necio (pasión + compromiso), donde la pareja se atrae y decide continuar con la relación pero sin apenas conocerse, ni gustarse.

Como véis en cualquiera de estos tipos de amor falla y falta algo; un elemento que puede variar y convertir una relación mediocre en una relación buena y satisfactoria para quien la vive. Ser conscientes de lo que falta e intentar conseguirlo, hablándolo con nuestra pareja, es el principio para lograrlo, ya que si queremos, podemos luchar por conseguir lo que se llama un amor completo, es decir, la suma de la intimidad, de la pasión y del compromiso.

Un amor completo no es fácil de conseguir, pero sin duda será el tipo de amor que consiga que tengamos una relación satisfactoria si queremos mantenerla a lo largo del tiempo, que nos gustemos y que la rutina no deteriore la atracción que nos sentimos.

Ahora que ya conocemos los tipos de amor que existen según Sternberg… ¿qué elementos crees que predominan en tu relación? ¿Estás satisfecho/a con ella?

¡Gracias por leerme y feliz semana!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La emoción más inútil: la culpabilidad

Si tú crees que sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad.


A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son emociones rotundamente inútiles puesto que hacen que gastes mucha energía emocional pero que no te permiten resolver, cambiar ni mejorar nada. La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado. Todo está relacionado con la importancia que le des a los problemas, con la relación con tus experiencias pasadas y con los valores que has asumido como persona.

¿Qué escoges? ¿Culpabilidad o posibilidad de aprender las lecciones del pasado?

¿Qué significa aprender? Los seres humanos somos seres racionales que evolucionamos aprendiendo de nuestros errores (si queremos evolucionar, claro). El aprendizaje, aprender de nuestras equivocaciones, es la manera sana de afrontar nuestros errores y es necesario para el crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y esto es tan inútil como malsano. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema. Sin embargo, si decidimos corregir actitudes o comportamientos estaremos escogiendo la evolución y la sabiduría como opción. Es sabio aquel que aprende de sus errores y los corrige.

Culpabilidad

El sentimiento de culpabilidad también se puede utilizar con el objetivo de manipular a la otra persona. Hacer sentir culpable a otra persona lanzando un recuerdo del pasado para ayudarlo a escoger la culpa del momento presente. De esta manera uno de los miembros puede manipular el presente del otro refiriéndose al pasado. Si uno de ellos logra olvidarlo, el otro puede recordárselo periódicamente y así mantener al día sus sentimientos de culpa por comportamientos pasados. O hacerlo sentir culpable de cosas del día a día. “Si me quisieras, me habrías llamado”. ¿El fin de todo esto? Lograr que uno haga lo que quiere el otro. ¿El método? La culpabilidad.

A continuación citaré frases que podemos escuchar desde pequeños o situaciones instauradas en nuestra sociedad que arrastran un fuerte sentimiento de culpabilidad y que fácilmente proyectamos en nuestra adultez. Con ello, me gustaría invitarte a reflexionar sobre el peso de la culpabilidad en nuestra cultura y sus repercusiones “positivas”. ¿Has escuchado alguna de las frases siguientes?

– INFLUENCIA DE LA FAMILIA EN EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

¿Qué pensarán las mamás de otros niños?

He arriesgado mi vida en tu parto sólo por traerte al mundo.

Me ha subido la tensión estos días por tu culpa.

He seguido casada con tu padre por ti.

Tú sabrás lo que haces.

Papá no te va a querer si no apruebas matemáticas.

Tu hermano está castigado por lo que hiciste tú.

Si te acuestas con tu novio y te quedas embarazada, no cuentes con nosotros.

No veas esas revistas (pornográficas) que son para gente enferma.

Una hija decente no va a dormir con su novio.

Más adelante, si este ha sido el modelo, los niños pueden utilizarlo con los adultos con el único objetivo de conseguir lo que quieren y manipularlos. “Si fueras buen padre me dejarías ir a casa de mi amiga a dormir”. “El padre de Sara sí que le deja”. “No te quiero. Quiero irme con mamá”. “Eres mala”.

También se ven ejemplos similares en el ámbito de la pareja“Si me quisieras me desearías”. “Si me quisieras querrías hacer el amor conmigo”.

– INFLUENCIA DE LA CULTURA Y LA SOCIEDAD EN EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

En las dietas. Sentirte culpable cuando no comes algo que sea estrictamente sano.

En la cárcel. Se cree que el tiempo pasado en la cárcel generará tal sentimiento de      culpabilidad que borrará el comportamiento disruptivo. Y, como sabemos, un elevado porcentaje de excarcelarios vuelven a delinquir.

Paralelamente, se sabe que el sentimiento de culpabilidad está relacionado con mayor aprobación social y con la etiqueta de ser “más humano”. Aquel que se preocupa y se siente culpable es más humano. Así como también puede servir para ganarse la compasión de la gente.

Como vemos, el sentimiento de culpabilidad es algo que va de la mano de nuestra sociedad, tanto si lo generamos nosotros automáticamente ante cada mínima situación (culpabilidad autoimpuesta), si lo arrastramos del pasado (culpabilidad residual) o si lo utilizamos para crear un sentimiento angustiante en la otra persona y obtener así algún beneficio.

Lo ideal sería eliminarlo de nuestras vidas, eliminar su carga emocional negativa y centrarnos en resolver problemas de la forma más sana y madura que existe, analizando nuestra equivocación y cambiando nuestra actitud para futuras situaciones.

¡Muchas gracias por leerme! ¡Hasta la semana que viene!

Andar como hábito saludable

Se acerca el verano y muchos de nosotros llevamos algunas semanas intentando tener un cuerpo “apto” para la playa. Es decir, empezamos la “operación bikini”. Esto es debido a que no nos notamos en forma, nos da vergüenza ponernos el bañador que tenemos guardado desde el año pasado o simplemente que creemos que tenemos que tonificar un poco nuestro cuerpo antes de exponerlo.

Debido a esto, llevamos a cabo prácticas en unos meses que no se parecen a lo que hacemos el resto del año. Nos proponemos dietas más estrictas, hacemos ejercicio más intenso y, la mayoría de las veces no conseguimos el hábito y lo dejamos a los pocos días. En mi opinión, el hábito más sencillo, menos costoso y muy saludable que podemos adquirir cuando queremos empezar a sentirnos activos y que nuestro cuerpo empiece a sentirse en forma es realizar una actividad física que todos conocemos: andar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la actividad física como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía“. Por lo tanto, un paseo a buen paso durante 30-60 minutos al día sería una actividad que no nos debería costar mucho realizar.

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Además, dentro de las ventajas de realizar una actividad física de forma recurrente encontramos que reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer de mama y de colon, depresión y caídas; mejora la salud ósea y funcional, y es un determinante clave del gasto energético, y por tanto fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso. En relación con todos estos beneficios, os dejo un link en el que aparecen diversos estudios afirmando que andar reduce el riesgo de enfermedades físicas y mentales (como por ejemplo, la demencia). Además, con esta práctica nos exponemos menos a la contaminación atmosférica.

Conocidos los beneficios de coger el hábito de andar de forma constante, os animo a practicarlo poco a poco cada día. Aprovechemos ahora que el tiempo nos acompaña y adquiramos un hábito saludable en todos los sentidos. Al ser fácil de realizar, es más difícil que lo dejemos aparcado, como sucede con las dietas restrictivas y los ejercicios intensos. Vamos a sentir que nuestro cuerpo se tonifica de una forma saludable y veremos que nuestra cabeza también lo va a agradecer, ya que también podemos utilizarlo como momento de desconexión.

¡Lo importante es movernos! ¿A qué esperamos? Gracias por leernos.