Es preferible un divorcio pacífico que un matrimonio en guerra

¿Por qué nos da tanto miedo romper una relación? ¿Cuándo y cómo debemos hacerlo? ¿Qué nos impide dar el paso?


 ¿Alguna vez te lo has planteado? ¿Has tenido miedo a dar el paso, aún teniéndolo muy claro? ¿Qué te ha frenado?

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Lo cierto es que romper una relación es una decisión importante, que debemos sopesar durante un tiempo, valorando todos los pros y contras. Supone un cambio, una ruptura de rutinas, una readaptación y una reestructuración de nuestro tiempo y, en definitiva, de nuestra vida. Implica romper un sentimiento, una pasión, un compromiso y, estaréis de acuerdo conmigo, esto cuesta más conforme pasan los años y hay más camino construido juntos.

En Terapia de Pareja vemos muchos casos en los que un miembro, o los dos, ya no se sienten felices en la relación, no le encuentran sentido y no saben qué hacer para salvarla pero, sin embargo, y MUY IMPORTANTE, están buscando ayuda. Eso significa algo. Relaciones que afectivamente ya no existen desde hace meses o años, compromisos que ya se han roto, comunicación que se ha perdido, conflictos destructivos constantes…y es precisamente en ese momento en el que yo siempre les planteo la misma pregunta: ¿y en este punto, queréis salvar vuestro matrimonio? Y la respuesta suele ser que .

Pero me he dado cuenta de que esta contestación no siempre es resultado de fuerzas internas de la pareja (¡que sería lo ideal!), es decir, no siempre viene del deseo de estar bien con la otra persona y de volver a ser feliz a su lado, de no hacerse más daño, de recuperar la ilusión…sino que hay un porcentaje que proviene del miedo a la reacción de los hijos, del miedo a la reacción de las familias propias y políticas si se lleva a cabo la separación, del miedo a estar solo/a, de que se rompa ese vínculo “idílico” de familia feliz al completo, de cuestiones económicas, etc. Es decir, empezamos a pensar en todos esos factores externos a la pareja y ajenos a nuestra felicidad pero que adquieren tanta fuerza que son capaces de tomar la decisión por nosotros.

¿Por qué mantener una relación que no nos hace felices por no decepcionar ni hacer daño a terceros? ¿Vale la pena?

Además, se suele creer erróneamente que para los hijos es más beneficioso tener a sus padres juntos incondicionalmente a pesar de que estén discutiendo todo el día, o padres que llevan años sin mostrarse absolutamente nada de afecto, relaciones en las que no existen muestras de cariño, en las que se gritan, se rechazan, se faltan al respeto, duermen en camas separadas… ¿Es este el coste? ¿Creéis que esto hace a los hijos más felices? Los hijos necesitan percibir la felicidad de sus padres y muchas veces esta felicidad llega cuando la pareja se separa.

“Hay parejas que están mejor separados/as”. Y esto es muy cierto.

¿Por qué depositamos nuestra felicidad en fuerzas externas? Una separación pacífica es mucho más beneficiosa para todo el entorno que una destrucción que lleva años implantada y que lo está quebrantando todo.

Creo que en esta vida todo es más fácil de lo que a veces pensamos (yo, la primera). Le aportaremos más felicidad a los nuestros cuánto más felices nos sintamos con nosotros mismos. Debemos perseguir nuestro bienestar individual y, luego, todo llega. No escojamos como opción una vida cargada de frustración por pensar que esto hará más felices a los nuestros. FALSO.

Si te lo estás planteando, dime, ¿en qué o en quién estás pensando? ¿En ti o en otras personas? ¿Qué pesa más?

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta la semana que viene!

 

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¿Qué tipo de amor tienes en tu relación?

El amor es un tema del que muchos de nosotros y nosotras podríamos hablar, ya sea porque lo hemos vivido en nuestra propia piel o porque lo vemos reflejado en la gente que nos rodea. Sin embargo, lo que muchos y muchas no sabemos es que el amor se puede dar, y podemos vivirlo, de forma muy distinta dependiendo de con quién lo compartamos o del momento de la vida y de la relación en la que nos encontramos.

Una de las tipologías más conocidas del amor es el Modelo Triagnular del Amor de Sternberg. En este modelo, el autor considera que hay 3 componentes principales que caracterizan a los diferentes tipos de amor y estos son:

  • La intimidad: sentimiento de cercanía y afecto hacia el otro. Gustar.
  • La pasión: estado de excitacion mental y física. Encaprichamiento.
  • El compromiso: decisión de que uno quiere al otro. Amor vacío.

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La conjunción de dos de estos componentes desencadena en un tipo de amor. Por ejemplo si nos encontramos en una relación donde los elementos principales son la pasión y la intimidad, estaremos en una relación basada en el amor romantico, donde las personas que configuran la relación se atraen tanto física como emocionalmente, sin embargo por el momento no hay planes de futuro. La atracción entre ellos/ellas es más fuerte que el resto de la relación. Pero también podemos encontrar relaciones donde lo más importante es la intimidad y el compromiso, se trataría más de un amor de compañero, donde la relación que tienes con tu pareja es muy parecida a la que tienes con cualquier otro amigo, escasea la pasión y la atracción. Por último, viendo el triángulo, si juntamos los dos elementos que nos faltan encontramos el amor fatuo o necio (pasión + compromiso), donde la pareja se atrae y decide continuar con la relación pero sin apenas conocerse, ni gustarse.

Como véis en cualquiera de estos tipos de amor falla y falta algo; un elemento que puede variar y convertir una relación mediocre en una relación buena y satisfactoria para quien la vive. Ser conscientes de lo que falta e intentar conseguirlo, hablándolo con nuestra pareja, es el principio para lograrlo, ya que si queremos, podemos luchar por conseguir lo que se llama un amor completo, es decir, la suma de la intimidad, de la pasión y del compromiso.

Un amor completo no es fácil de conseguir, pero sin duda será el tipo de amor que consiga que tengamos una relación satisfactoria si queremos mantenerla a lo largo del tiempo, que nos gustemos y que la rutina no deteriore la atracción que nos sentimos.

Ahora que ya conocemos los tipos de amor que existen según Sternberg… ¿qué elementos crees que predominan en tu relación? ¿Estás satisfecho/a con ella?

¡Gracias por leerme y feliz semana!

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La emoción más inútil: la culpabilidad

Si tú crees que sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad.


A lo largo de la vida, las dos emociones más inútiles son la culpabilidad por lo que se ha hecho y la preocupación por lo que se podría hacer. Son emociones rotundamente inútiles puesto que hacen que gastes mucha energía emocional pero que no te permiten resolver, cambiar ni mejorar nada. La culpabilidad quiere decir que despilfarras tus momentos presentes al estar inmovilizado a causa de un comportamiento pasado. Todo está relacionado con la importancia que le des a los problemas, con la relación con tus experiencias pasadas y con los valores que has asumido como persona.

¿Qué escoges? ¿Culpabilidad o posibilidad de aprender las lecciones del pasado?

¿Qué significa aprender? Los seres humanos somos seres racionales que evolucionamos aprendiendo de nuestros errores (si queremos evolucionar, claro). El aprendizaje, aprender de nuestras equivocaciones, es la manera sana de afrontar nuestros errores y es necesario para el crecimiento y desarrollo. La culpabilidad es malsana porque gastas inútilmente tu energía en el presente sintiéndote molesto y deprimido a causa de un acontecimiento ya histórico. Y esto es tan inútil como malsano. No hay culpabilidad por grande que sea, que pueda resolver un solo problema. Sin embargo, si decidimos corregir actitudes o comportamientos estaremos escogiendo la evolución y la sabiduría como opción. Es sabio aquel que aprende de sus errores y los corrige.

Culpabilidad

El sentimiento de culpabilidad también se puede utilizar con el objetivo de manipular a la otra persona. Hacer sentir culpable a otra persona lanzando un recuerdo del pasado para ayudarlo a escoger la culpa del momento presente. De esta manera uno de los miembros puede manipular el presente del otro refiriéndose al pasado. Si uno de ellos logra olvidarlo, el otro puede recordárselo periódicamente y así mantener al día sus sentimientos de culpa por comportamientos pasados. O hacerlo sentir culpable de cosas del día a día. “Si me quisieras, me habrías llamado”. ¿El fin de todo esto? Lograr que uno haga lo que quiere el otro. ¿El método? La culpabilidad.

A continuación citaré frases que podemos escuchar desde pequeños o situaciones instauradas en nuestra sociedad que arrastran un fuerte sentimiento de culpabilidad y que fácilmente proyectamos en nuestra adultez. Con ello, me gustaría invitarte a reflexionar sobre el peso de la culpabilidad en nuestra cultura y sus repercusiones “positivas”. ¿Has escuchado alguna de las frases siguientes?

– INFLUENCIA DE LA FAMILIA EN EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

¿Qué pensarán las mamás de otros niños?

He arriesgado mi vida en tu parto sólo por traerte al mundo.

Me ha subido la tensión estos días por tu culpa.

He seguido casada con tu padre por ti.

Tú sabrás lo que haces.

Papá no te va a querer si no apruebas matemáticas.

Tu hermano está castigado por lo que hiciste tú.

Si te acuestas con tu novio y te quedas embarazada, no cuentes con nosotros.

No veas esas revistas (pornográficas) que son para gente enferma.

Una hija decente no va a dormir con su novio.

Más adelante, si este ha sido el modelo, los niños pueden utilizarlo con los adultos con el único objetivo de conseguir lo que quieren y manipularlos. “Si fueras buen padre me dejarías ir a casa de mi amiga a dormir”. “El padre de Sara sí que le deja”. “No te quiero. Quiero irme con mamá”. “Eres mala”.

También se ven ejemplos similares en el ámbito de la pareja“Si me quisieras me desearías”. “Si me quisieras querrías hacer el amor conmigo”.

– INFLUENCIA DE LA CULTURA Y LA SOCIEDAD EN EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD

En las dietas. Sentirte culpable cuando no comes algo que sea estrictamente sano.

En la cárcel. Se cree que el tiempo pasado en la cárcel generará tal sentimiento de      culpabilidad que borrará el comportamiento disruptivo. Y, como sabemos, un elevado porcentaje de excarcelarios vuelven a delinquir.

Paralelamente, se sabe que el sentimiento de culpabilidad está relacionado con mayor aprobación social y con la etiqueta de ser “más humano”. Aquel que se preocupa y se siente culpable es más humano. Así como también puede servir para ganarse la compasión de la gente.

Como vemos, el sentimiento de culpabilidad es algo que va de la mano de nuestra sociedad, tanto si lo generamos nosotros automáticamente ante cada mínima situación (culpabilidad autoimpuesta), si lo arrastramos del pasado (culpabilidad residual) o si lo utilizamos para crear un sentimiento angustiante en la otra persona y obtener así algún beneficio.

Lo ideal sería eliminarlo de nuestras vidas, eliminar su carga emocional negativa y centrarnos en resolver problemas de la forma más sana y madura que existe, analizando nuestra equivocación y cambiando nuestra actitud para futuras situaciones.

¡Muchas gracias por leerme! ¡Hasta la semana que viene!

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Andar como hábito saludable

Se acerca el verano y muchos de nosotros llevamos algunas semanas intentando tener un cuerpo “apto” para la playa. Es decir, empezamos la “operación bikini”. Esto es debido a que no nos notamos en forma, nos da vergüenza ponernos el bañador que tenemos guardado desde el año pasado o simplemente que creemos que tenemos que tonificar un poco nuestro cuerpo antes de exponerlo.

Debido a esto, llevamos a cabo prácticas en unos meses que no se parecen a lo que hacemos el resto del año. Nos proponemos dietas más estrictas, hacemos ejercicio más intenso y, la mayoría de las veces no conseguimos el hábito y lo dejamos a los pocos días. En mi opinión, el hábito más sencillo, menos costoso y muy saludable que podemos adquirir cuando queremos empezar a sentirnos activos y que nuestro cuerpo empiece a sentirse en forma es realizar una actividad física que todos conocemos: andar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la actividad física como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía“. Por lo tanto, un paseo a buen paso durante 30-60 minutos al día sería una actividad que no nos debería costar mucho realizar.

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Además, dentro de las ventajas de realizar una actividad física de forma recurrente encontramos que reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer de mama y de colon, depresión y caídas; mejora la salud ósea y funcional, y es un determinante clave del gasto energético, y por tanto fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso. En relación con todos estos beneficios, os dejo un link en el que aparecen diversos estudios afirmando que andar reduce el riesgo de enfermedades físicas y mentales (como por ejemplo, la demencia). Además, con esta práctica nos exponemos menos a la contaminación atmosférica.

Conocidos los beneficios de coger el hábito de andar de forma constante, os animo a practicarlo poco a poco cada día. Aprovechemos ahora que el tiempo nos acompaña y adquiramos un hábito saludable en todos los sentidos. Al ser fácil de realizar, es más difícil que lo dejemos aparcado, como sucede con las dietas restrictivas y los ejercicios intensos. Vamos a sentir que nuestro cuerpo se tonifica de una forma saludable y veremos que nuestra cabeza también lo va a agradecer, ya que también podemos utilizarlo como momento de desconexión.

¡Lo importante es movernos! ¿A qué esperamos? Gracias por leernos.

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La resiliencia


La resiliencia. ¡Cada vez soy más fuerte!


Hoy os traigo un concepto nuevo, la resiliencia. Todos hemos escuchado alguna vez ese refrán de que “lo que no te mata, te hace más fuerte”, pues bien, la resiliencia tiene que ver con eso. Es un término poco utilizado todavía pero su significado es conocido por todos nosotros.

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Para entenderlo, partimos de la idea de que la vida no es fácil, es una carrera de fondo en la que muchas cosas se escapan de nuestro control y nos dificultan el camino. La vida es insegura, impredecible y nos va retando a lo largo de los años. Hay vidas más fáciles y vidas más difíciles, eso es cierto, pero en mayor o menor medida todos tenemos momentos complicados. En ocasiones, seremos responsables de ellos o habremos formado parte de la creación de nuestros problemas, pero en otras muchas esos momentos no tienen un origen, no sabemos por qué han pasado, pero somos conscientes de que nos afectan y no tenemos herramientas para manejarlos. Sabiendo que la vida es un imán para problemas, incertidumbres y obstáculos, ahora os formulo una pregunta: si hacéis mentalmente un recorrido por los problemas que han marcado vuestra vida (sólo os vendrán a la cabeza aquellos que realmente os han hecho sufrir), ¿cómo los habéis manejado? ¿Habéis perdido confianza, autoestima y fuerza mental, o habéis sido capaces de reflexionar sobre ellos, buscarle una solución que alivie el dolor y habéis sabido ayudar a vuestro entorno? Es decir, ¿os habéis hecho más pequeños o más fuertes?

Muchas veces escuchamos: “con todo lo que esta persona sufrió en la vida, y no pierde nunca la sonrisa”, esta es una frase que identifica a una persona resiliente. La resiliencia es una capacidad que se adquiere con los años y después de mucho sufrimiento también. Se asocia con esas personas que han tocado fondo pero que en lugar de hundirse más han decidido luchar por seguir adelante y, como decía antes, cada vez con más fuerza. Una persona resiliente es aquella que recorre las siguientes fases ante los problemas: asimilación, negación, desesperanza, aceptación y superación. Y una vez superado, su fuerza mental es mucho mayor que antes del inicio del problema. La resiliencia te enseña a darle a las cosas la importancia que tienen, a adquirir el pensamiento de problema-solución y entender que cuando no nos quedan más fuerzas debemos cambiar el chip porque la vida pasa y estamos aquí para disfrutarla. Mientras que una persona no resiliente es aquella que va adquiriendo cada vez más debilidad física y mental ante los problemas, es una persona que no ha conseguido superar ese obstáculo y que no ha llegado a entenderlo, pudo más la tristeza que la fortaleza. Hago mención aquí de que, tal y como comentábamos en otro artículo acerca de acontecimientos que pueden convertirse en traumáticos (leer artículo), hay sucesos en la vida que requieren de mucho más tiempo para llegar a asimilarlos y dónde la duración del sufrimiento inevitablemente es mayor. Conseguimos superar las cosas cuando, después de mucho sufrimiento, somos capaces de entenderlas. Y llegamos a comprender que vale más la pena respirar y coger fuerza, que dejarse llevar por la fuerza de la marea. Digamos que la resiliencia es una prueba que nos pone la vida, y podemos adquirirla o no.

En conclusión, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Es la capacidad de superar dificultades, traumas y dolores emocionales, saliendo fortalecido en el proceso. Tiene que ver con nuestra autoestima y nuestra felicidad. Hoy sólo quería mostraros el concepto, pero dedicaré otro artículo a escribir pautas específicas que nos ayuden a hacernos resilientes.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta la semana que viene!

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Becarios: ¿ocupación de riesgo?

Mucho se ha hablado en la última semana sobre las condiciones laborales que tienen los becarios de las grandes cocinas españolas, debido a unas declaraciones del conocido chef Jordi Cruz. A raíz de ellas, algunos se han puesto en contra y otros a favor, tal y como sucede con todas las polémicas mediáticas. La posición que está en contra desaprueba que estos aprendices no obtengan ningún tipo de salario por su labor y los que están a favor entienden que sus ganancias no son materiales, si no que las obtienen en materia de formación de manos de expertos.

Yo no voy a comentar si estoy de acuerdo o en contra de que esto suceda en nuestro país, y no sólo en las cocinas de grandes chefs, si no que en nuestra ciudad también sucede con algunas formaciones abusivas. Lo que quiero explicar debido a esta noticia son las diferentes motivaciones que tenemos las personas y cómo podemos sentirnos satisfechos en nuestro trabajo.

Desde la Psicología de las Organizaciones o de la Empresa, se han llevado investigaciones desde principios del siglo XX para entender qué es lo que motiva a los trabajadores, cómo aumentan rendimiento y cuándo están satisfechos con su trabajo y su empresa. En cuanto a lo que estamos hablando, no nos interesa tanto hablar de rendimiento, pero si de motivación y de satisfacción, por lo que será lo explicado a continuación.

Motivación

Si buscamos el concepto motivación en la Real Academia Española nos encontramos con las siguientes entradas:

1. f. Acción y efecto de motivar.

2. f. motivo (‖ causa).

3. f. Conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.

Tomando de ejemplo la tercera entrada, encontramos que la motivación puede ser interna y externa. También desde la Psicología de las Organizaciones encontramos esta diferencia:

  • Motivación extrínseca: sería la controlada por la recompensa e incentivos que son independientes de la propia actividad del sujeto para conseguirlos, y cuyo control depende de otras personas. Cuando realizamos una actividad basándonos en la motivación extrínseca podemos cubrir una serie de necesidades (independizarse, crear una familia, alimentarse…). Dentro de la motivación extrínseca encontramos el salario, los descansos, el reconocimiento, entre otras.
  • Motivación intrínseca: se basa en la propia actividad y en lo que cada uno quiere hacer. El incentivo en este caso, por lo tanto, es la realización de la conducta en sí misma, ya que es lo que nos hace feliz.

Por lo tanto, llegados a este punto, aquí tendríamos que pensar en esos becarios y cuáles son sus motivaciones extrínsecas e intrínsecas para seguir “trabajando” en estas cocinas. Probablemente, tengan una motivación intrínseca mucho más alta que la extrínseca, ya que considerarán que se están formando con sus ídolos y que después de estar ahí pueden aspirar a mucho más. Si tenemos en cuenta las palabras de Jordi Cruz tras toda la polémica, de que a los que son de fuera de Barcelona les proporcionan un lugar donde vivir y les dan dietas, podríamos entender que estos aprendices tendrían las necesidades fisiológicas individuales cubiertas.

Por supuesto que estas condiciones no podrán mantenerlas durante mucho tiempo, ya que si lo consideran como una “formación” en algún momento decidirán aspirar a más y ese será su principal objetivo. De esta forma, conseguirían motivarse tanto extrínseca como intrínsecamente de la mejor manera para poder seguir creciendo personal y profesionalmente.

Satisfacción laboral

La satisfacción laboral es la emoción positiva que resulta de la propia percepción de la realización del propio trabajo.

Dentro de los modelos de la Psicología Organizacional acerca de la satisfacción corporal encontramos 3 importantes (Teoría de los factores de Herzberg, Teoría del grupo de referencia de Korman y Teoría de los valores de Locke) que podríamos entrelazarlos para hacer una síntesis sencilla sobre este concepto:

El sujeto se siente satisfecho con su trabajo cuando las características del puesto de trabajo y las normas y deseos del grupo social de referencia, no difieren con lo que espera el sujeto, así como obtener los factores motivadores intrínsecos necesarios para desarrollarlo. Además, la persona tiene que considerar que no hay discrepancia entre lo que desea (identificando la importancia o peso que esto tiene) y lo que obtiene con el trabajo.

Debido a todo esto, considero que estos becarios seguramente tengan motivaciones intrínsecas suficientes y que por lo general están satisfechos con lo que están aprendiendo, si no, dudo que siguieran en esas grandes cocinas. Puede que sea difícil de entender, pero solamente tenemos que hablar con cualquier conocido que haya trabajado con una beca o que las condiciones que se le aplican en el trabajo no son las más adecuadas. Tenemos mucho más cerca que las cocinas de Jordi Cruz, situaciones donde los trabajadores no disfrutan de su empleo, no cobran lo que se merecen o que poco más pagan por trabajar. Aprovechemos esta oportunidad para aprender un poco más de cómo entiende cada persona su trabajo, qué es lo que aprende cada día y qué le aporta en su día.

Y, sobretodo, intentemos estar satisfechos con lo que hacemos. Sin duda, eso es lo más importante.

¡Gracias por leernos y feliz semana!

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Vive sin ansiedad


La ansiedad, ese enemigo que en algún momento acecha a nuestras vidas. Sentirte demasiado nervioso, notar que el corazón late muy rápido, sudoración, sentir que te quedas sin respiración, creer que te vas morir o que te invade el pánico… Estos son algunos de los síntomas que produce la ansiedad. En mayor o menor medida todos hemos experimentado alguno de ellos.


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Por ese motivo, porque convive con nosotros, hoy os traigo una lista de seis consejos que ayudan a manejar mejor la ansiedad. Debemos aprender a controlar esa pizca negativa que invade a veces nuestro día a día y que va de la mano de la sociedad acelerada e impredecible en la que vivimos. La mejor manera de abordarla es a través del cambio de ciertos pensamientos y hábitos, sumado a técnicas de relajación.

Aquí os dejo mis consejos:

  1. Escribe todos los pensamientos negativos y repetitivos que te surjan continuamente. Si reconoces tus pensamientos negativos podrás manejarlos y tus emociones cambiarán. Nuestros pensamientos son los que determinan cómo nos sentimos, por eso es tan importante detectarlos. El primer paso está en reconocer que sufres ansiedad. Sé consciente de cuándo te ocurre, qué síntomas sufres e intenta averiguar el por qué. ¡Sé valiente!
  2. Escribe afirmaciones que resten valor a cada uno de los pensamientos negativos. Hacia donde enfoques tu mente, así serán tus resultados. Cuando los pensamientos negativos que te generan ansiedad aparezcan, respóndele con las afirmaciones positivas.
  3. Mantén tu mente en el presente y en el AHORA. Presta atención a tu respiración. En lugar de decirte que estarás bien dentro de unos minutos (futuro), comprende que puedes relajarte y respirar ahora (presente). El presente es ahora y tienes que disfrutarlo.
  4. Fortalece tu autoestima. Haz una lista de tus cualidades. Usa frases positivas para referirte a ti mismo. Ejemplo: “soy valioso, sólo estoy pasando un momento difícil”. Otra frase: “hago lo mejor que puedo en todo momento”. Es importante que te quieras más y que enfatices tus virtudes. Habla de ellas. ¿A qué te cuesta más detectar tus virtudes que tus defectos?
  5. Haz práctica regular de relajación. Entre quince o veinte minutos. Haz ejercicio. Puede disminuir la ansiedad hasta por cuatro horas. Practicar ejercicio genera una sensación inicial de ansiedad de unos treinta minutos, a lo que le siguen cuatro horas de relajación. Recuerda que no eres el director del universo y que muchas cosas externas no dependen de ti. Practica el deporte que más te guste y dedica ese tiempo a no pensar en nada, sólo a disfrutar.
  6. Contempla tus preocupaciones de forma objetiva. La mayoría de las cosas horribles que imaginamos nunca suceden. Normalmente se magnifican y nos las imaginamos mucho peores y terribles de lo que realmente son.

Si pones en práctica estos seis consejos, puedo asegurarte que poco a poco todo mejorará. La ansiedad es como esa nube gris que nos impide ver la claridad del día.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta la semana que viene!

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¿Quieres cambiar? ¿Sabes cómo hacerlo?

Muchas veces en nuestra consulta nos demandan de forma urgente que los cambiemos, pero ¿qué hay detrás de esta exigencia? ¿realmente somos los psicólogos magos que consiguen que la gente cambie sin más? Llegados a este punto, ya sabemos todos que no, que los psicólogos no somos magos, si no que con nuestra experiencia ayudamos a las personas que acuden a nuestra consulta a ver desde otra perspectiva que tienen que hacer para cambiar y les enseñamos las herramientas que pueden utilizar para llevarlo a cabo. Sin embargo, por mucho que nosotros hagamos, si la persona no está dispuesta no podremos hacer nada. Debido a esto Agustín Jiménez en 2006 detalla las tres leyes del cambio necesarias para poder llevarlo a cabo.

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“Una pregunta que surge cuando se habla de cambio es ¿por qué a veces es tan fácil cambiar y por qué otras veces no? Desde mi punto de vista esta diferencia radica en tener la actitud correcta para cambiar, la cual depende de tres aspectos que llamo las tres leyes del cambio. Cuando estos aspectos confluyen, el cambio se da con facilidad y fluye, si no, sucede todo lo contrario.”

Las tres leyes del cambio, según Agustín Jiménez, son:

“1. Deseo: para cambiar es condición esencial querer hacerlo, tener el firme deseo de que vamos a lograr el resultado que nos hemos propuesto. El deseo surge de tener una razón poderosa y creer profundamente en ella. El deseo es la chispa que nos da el impulso para arrancar con fuerza y mantener la motivación durante el proceso de cambio.”

“De ahí que el cambio verdadero y profundo sea imposible de alcanzar por la vía de la imposición. Esa es la razón por la cual cuando el cambio se impone, la gente se opone. Evidentemente, es posible imponer cambios pero apenas desaparezca el factor de poder que doblegó a quienes los aceptaron, inmediatamente se regresará al estado anterior de las cosas.”

“2. Valor: para cambiar hay que tener el coraje de creer en nosotros mismos y en que podemos lograr lo que nos proponemos. El valor es el fuego interno que nos brinda la fuerza para perseverar sin importar el esfuerzo que el cambio requiera y para sobreponernos a los obstáculos que se nos presenten por el camino. Para lograr los cambios no hay campo para amilanarse frente a las dificultades, ni de encogerse frente a los retos.”

“Obviamente, escuadrarse en la seguridad de lo conocido es mucho más fácil que afrontar los retos que impone cambiar. Muchas personas, por temor, prefieren una estabilidad mediocre a un cambio que genere progreso. Estas personas normalmente son las que se esconden detrás de frases como:”

“Aquí las cosas siempre se han hecho así y han funcionado”
“¿Para qué cambiar si todo está bien?
“Cambiar es difícil y doloroso”

“De esta manera, evitan enfrentarse a sus propios miedo y limitaciones, perdiendo la oportunidad de superarlos en ir más allá.”

“3. Acción: nada cambia si no se entra en acción. Actuar es lo único que asegura que los cambios sucedan. Es muy fácil hablar sobre cambio, pero es muy distinto llevarlo a cabo. Cambiar implica entrar en acción, porque de otra manera el cambio se convierte en una simple ilusión. Es importante señalar que la acción empieza con la planeación, la cual asegura una mejor gestión del proceso de cambio, reduciendo así significativamente la posibilidad de fracasar en el intento.”

“La acción es el combustible que aviva la llama del valor, porque la motivación crece en la medida que vamos alcanzando resultados que nos van acercando a nuestro cometido.”

“Por lo tanto, la próxima vez que quiera realizar un cambio, antes de emprenderlo, pregúntese si tiene la chispa, el fuego interno y el combustible para lograr lo que se propone”.

Como veis, según Agustín Jiménez, son tres las claves importantes para llevar a cabo un cambio y son el deseo, el valor y la acción. ¿Estáis dispuestos a cambiar? ¿Lo deseáis, tenéis el valor y lo habéis puesto en práctica?

Esperamos que os haya gustado este nuevo artículo. Que tengáis un buen día y ya sabéis, si queréis cambiar algo tenemos que poner cada uno de nuestra parte.

¡Muchas gracias!

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Psicología y comunicación


¿DE QUÉ MANERA EXPRESAS LO QUE PIENSAS? O, bueno… ¿EXPRESAS LO QUE PIENSAS?


Asertividad, agresividad y pasividad.

Cada vez somos más los que utilizamos el término asertividad para hacer referencia a un estilo de comunicación. ¿Sabéis lo que significa ser asertivo? Somos asertivos cuando expresamos lo que pensamos y cómo nos sentimos, sin herir los sentimientos ni los derechos de la otra persona. Es un estilo que beneficia tanto al emisor (la conciencia se queda tranquila porque hemos expresado lo que pensamos) como al receptor (recibe el mensaje de una manera más positiva y lo tiene más en cuenta).

Todo lo que se refiere a los estilos de comunicación es muy interesante, puesto que guarda relación no sólo con lo psicológico y con nuestros rasgos de personalidad sino también con temas orgánicos, por ejemplo, problemas cardiovasculares, enfermedades degenerativas, cáncer, etc. De ahí la desmesurada importancia que envuelve a este tema.

Las personas que adquieren un estilo comunicativo agresivo, que veremos a continuación cuáles son sus características, son personas mucho más hostiles y con una elevada ira que puede traducirse en problemas cardiovasculares a la larga; las emociones son expresadas pero no de una manera correcta, ni en lo verbal ni en lo corporal. El mensaje es emitido como una amenaza o ataque. Por otra parte, las personas que adquieren un estilo evitativo/pasivo son personas que prefieren no expresar lo que piensan por miedo a ocasionar un conflicto o una pérdida, es decir, va asociado a la inhibición de las emociones y ésta a su vez al cáncer. La desesperanza, la inhibición de las emociones, la inexpresividad…son rasgos de personalidad que muchos estudios han vinculado al cáncer. Sin embargo, la asertividad aparece asociada a alta autoestima, seguridad en uno mismo y bienestar emocional. Ya no sólo es decir lo que se piensa, un agresivo también lo hace, sino saber decir lo que se piensa utilizando el lenguaje verbal y no verbal oportuno y el momento adecuado. Dentro del mundo de la asertividad, también encontramos la capacidad para saber decir que no, por ejemplo. A continuación os resumo las características de cada uno de estos tres estilos, ¿cuál crees que es el tuyo?

Artículo 13

AGRESIVO

Provoca tensión y puede ser intimidante: “Más vale que hagas…”

No acepta opiniones: “Esto no me gusta, repítelo…”

Impone sin considerar a otros: “Aquí se hacen las cosas como yo digo…”

ASERTIVO

Demuestra que escucha y entiende hechos: “Entiendo tu comentario”

Dice lo que piensa u opina y considera a los otros: “Sin embargo yo pienso que…”

Aporta y encamina las cosas para que sucedan: “Yo les quiero sugerir…”

PASIVO

No define hechos ni opiniones propias: “Creo…que…eh…”

Permite que otros escojan o se aprovechen: “Lo que digas está bien”

Ocasionalmente expresa sus opiniones: “Puede ser que…”

Al leer estas características quizás hayas recordado situaciones en las que tú, o una persona cercana, haya adquirido un estilo u otro y el cómo se siente después. Un agresivo no se queda en paz después de expresar altivamente sus comentarios, un evitativo siente rabia por las situaciones en las que no se ha pronunciado y un asertivo está tranquilo por su actuación y su aportación.

También podemos tener un estilo asertivo por tendencia general, pero mostrarnos agresivos o pasivos en determinadas situaciones por factores externos (o no nos compensa dar nuestra opinión, o le tememos a la otra persona, o perdemos momentáneamente el control, etc.).

Trabajar la asertividad es de vital importancia, nos ayuda en situaciones laborales, personales, de pareja, amistad…es una habilidad social esencial para cualquier situación, y requiere entrenamiento. Las aptitudes asertivas se van adquiriendo poco a poco. Dedicaré otro artículo a hablar exclusivamente de la asertividad y de cómo entrenarla. Son herramientas que permiten aumentar el autoestima, la seguridad y el correcto afrontamiento de situaciones.

¿Consideras que eres asertivo/a? ¿Lo entrenamos?

Muchas gracias por leerme, ¡hasta la semana que viene!

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El dilema de la educación

Muchas veces, y quizás cada vez más, escuchamos y leemos cómo tenemos que educar a nuestros hijos e hijas y parece que todo el mundo sabe cuál es el mejor método para que tu hijo/a sea “bien educado” aunque tú no estés de acuerdo. Hoy no me voy a meter en qué es lo que tenemos que hacer o no para educar a nuestros hijos, si no que voy a dar una opinión derivada de la psicología de la conducta, es decir, una conducta tiene su consecuencia, tanto a corto como a largo plazo y no tienen porque ser la misma ni igual de beneficiosa.

Por ejemplo, cuando el niño o la niña quiere algún juguete, si su padre o madre no se lo compran tiene una rabieta. ¿Qué podríamos hacer en este caso como padres/madres? Un supuesto es que le compremos el juguete para que deje de llorar y gritar y el otro supuesto es que le dejemos claro que no se lo vamos a comprar simplemente porque tenga la rabieta. Veamos entonces las consecuencias de ambos supuestos:

  • En el primer caso, las consecuencias a corto plazo son agradables para ambos. Sin embargo, a largo plazo, el niño o niña aprende que puede conseguir cosas que desea mediante su rabieta, por lo que tenderá a repetirlo en más ocasiones a partir de ese aprendizaje y los padres/madres al ver que con su compra consiguen un alivio inmediato, cada vez que haya una rabieta tenderán a hacer lo que el niño o la niña quiera. Como se puede observar las consecuencias cambian a lo largo del tiempo. A esta interacción Patterson la llama la trampa del reforzamiento negativo, debido a que el alivio inmediato del padre o de la madre conseguirá que el niño o niña deje de llorar pero provocará que cada vez que quiera algo tenga una rabieta.
  • En el segundo caso, a corto plazo el niño o la niña no dejará de llorar tan rápidamente al no conseguir lo que quiere y los padres/madres tendrán que aguantar la rabieta y el alivio no será tan repentino como en el supuesto anterior.  Además, tendrán que hacer un esfuerzo más grande al tener que explicarle a su hijo/hija el porqué de su decisión e intentar que el niño/niña lo entienda. Sin embargo, a largo plazo, ambas partes aprenderán que es un buen aprendizaje, ya que el niño o niña sabrá que cuando le dicen que “no” es exactamente eso y le servirá no sólo en el contexto familiar si no a lo largo de toda su vida y los padres /madres podrán estar más a gusto con sus hijos/hijas al poder hacer actividades y vida social sin que su hijos/hijas tengan rabietas cada vez que les apetezca tener algo.

Con esto no quiero decir que un supuesto sea mejor que otro, si no que tenemos que ser conscientes muchas veces de las consecuencias que tienen nuestros actos. ¿Qué soléis hacer vosotros y vosotras en estas situaciones?

Me gustaría que hicierais un esfuerzo acerca de que supuesto se asemeja más a lo que hacéis con vuestros hijos e hijas, para ver si hay algo que podríais mejorar vuestra relación. madre-hija-hablando21

Espero que os haya gustado esta entrada y os ayude en vuestra día diaria. Gracias por estar aquí semana tras semana. ¡FELIZ SEMANA SANTA!

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