Cuando la obsesión es la comida

Ahora que llega el verano muchos de nosotros y nosotras podemos empezar a sentir que nuestro cuerpo no nos gusta. Sobre la operación bikini y la búsqueda del equilibrio entre la alimentación y el ejercicio ya hemos hablado en artículos anteriores en el blog ( Andar como hábito saludable y Dietas: La importancia del equilibrio). Sin embargo, ¿qué sucede cuándo esta preocupación se convierte en obsesión? Ya no sólo estaríamos hablando de un trastorno de alimentación, si no también de un trastorno obsesivo, en el que la persona se obsesiona por comer poco y “sano”.

Muy relacionado con esa obsesión está la ortorexia (término acuñado por el médico Steve Bratman en 1996). El autor definía la ortorexia como un problema de obsesión por comer sano, pero muy cercano a los trastornos de alimentación como son la anorexia o la bulimia (a pesar de que no se considera como trastorno en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM-5). Debido a que la persona que lo padece come sano, este problema pasa desapercibido, ya que se consideran hábitos normales, sin embargo estos hábitos que pueden parecer normales se convierten en obsesión y la cantidad ingerida y los alimentos tomados van disminuyendo, de ahí la importancia de conocerlo para poder actuar cuánto antes.

ORTOREXIA-PORTADA
Ortorexia Nerviosa. Una obsesión insana con la alimentación sana.

Hace varios días, salió en telecinco.es una entrevista a una persona que tiene ortorexia desde hace 15 años y en ella explica, que aunque al principio lo hacía para tener un vientre plano, con el tiempo se fue convirtiendo en una obsesión y se fue cronificando debido a algunos comentarios que recibía sobre su apariencia física y por la poca crítica que le hacían a su estilo de alimentación. Os dejo además su blog, por si queréis echarle un vistazo y ver lo que piensa acerca de lo que le está pasando.

El tratamiento para la ortorexia se basa, fundamentalmente, en explicar a la persona que aunque tome alimentos sanos, la alimentación que lleva a cabo no es tan sana y mucho menos equilibrada. A partir de ahí, se le proporcionará una psicoeducación para que vea lo que sería una alimentación saludable y que poco a poco pueda ir llevándola a cabo. Con el trabajo de diferentes profesionales, como son los psicólogos/as, nutricionistas y diferentes especialistas de la medicina, se intentará que la persona empiece a tener conciencia de la enfermedad y que a partir de ahí empiece a tomar alimentos que antes no tomaba. Además, si consideramos a la ortorexia como enfermedad cercana al trastorno obsesivo compulsivo, podría aplicarse un tratamiento de exposición con prevención de respuesta, en el que la persona vería como comiendo esos alimentos a los que le tiene miedo y aumentando las calorías que toma habitualmente, no se vuelve gordo/a ni lleva a cabo una mala alimentación.

En resumen, cualquier obsesión, por sana que parezca aparentemente no es buena y tenemos que ser conscientes de ello por si alguien de nuestro alrededor necesite nuestra ayuda.

 

¡Muchas gracias por leerme, hasta la semana que viene!

 

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Dietas: La importancia del equilibrio

Con la llegada de la primavera nos damos cuenta de si hemos cogido algún kilo de más en los últimos meses, más concretamente la comparación suele darse con el verano pasado. Debido a esto, son muchas las personas que a estas alturas del año deciden empezar lo que comúnmente denominamos la operación bikini. Además, las revistas de moda y del corazón, semana tras semana nos acribillan a mensajes del tipo “cómo conseguir unos glúteos más duros”, “cómo conseguir un abdomen plano antes del verano”, “qué comer para estar estupenda en 4 meses”. Además, también se hacen más públicas y accesibles las dietas “milagro” que son perjudiciales para la salud como la de la manzana. Es por eso, entre otros factores, que esta época es de las más influyentes a la hora de elegir una dieta, seguramente conozcáis a alguien que la haya empezado hace poco o haya expresado su deseo de buscar una adecuada a su estilo de vida.

Si buscamos en la RAE la definición de dieta encontramos que tiene diferentes entradas:

  1. Régimen que se manda observar a los enfermos o convalecientes en el comer y beber, y, por extensión, esta comida y bebida.
  2. Conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento.
  3. coloquial, Privación completa de comer.

En nuestra sociedad, por lo general usamos, por lo tanto la palabra dieta para referirnos a una dieta restrictiva, es decir en la que existe un privación de ciertos alimentos con el fin de adelgazar. Sin embargo, me gustaría hacer hincapié en la segunda definición de dieta, como conjunto de sustancias que regularmente se ingieren como alimento. Esto es debido a que el uso coloquial que le damos a la palabra dieta como privación, nos hace ver que realizar una dieta restrictiva es normal y natural, cuando no es así, siendo lo normal realizar una dieta equilibrada y no privada de ciertos alimentos, como son, fundamentalmente, los hidratos de carbono.

Me gustaría que hicierais una reflexión sobre esto debido a que, tal y como os contamos hace unas semanas en otro artículo de nuestro blog, la realización de dietas estrictas son un factor precipitante de padecer un trastorno de alimentación, por lo que es algo que tenemos que tener en cuenta si vamos a empezar una. Además, es importante ponerse en manos de un profesional que entienda cuáles son nuestras necesidades, nuestro estilo de vida y nuestros objetivos, para que sea capaz de conocer nuestras metas con respeto a la alimentación y advertirnos si queremos pasar una barrera peligrosa.

Todo parecen beneficios si conseguimos terminar la dieta porque habremos conseguido nuestro objetivo, sin embargo, también hay que hablar del aspecto negativo como pueden ser los cambios de humor, la ansiedad por no comer algún alimento que nos pide el cuerpo o la incapacidad de quedar con amigos para comer o cenar porque te has marcado unos límites muy claros.

En mi opinión, lo importante en una dieta es el equilibrio, lo contrario es lo que provoca, principalmente los problemas que pueden surgir después. Podemos ver un claro ejemplo de esto en las personas que tienen bulimia, ya que están mucho tiempo restringiendo un tipo de comida (patatas fritas, chocolate, croquetas, dulces, etc), pero debido a la necesidad que tienen de este alimento es lo que van a tomar en grandes cantidades cuando se dan un atracónLa prohibición de los alimentos los van a hacer más deseosos. En cambio, si nos administramos un poco de esos alimentos a la semana, evitaremos de forma más eficaz las ganas de tomarlo en abundantes cantidades y tendremos menos ansiedad a la hora de darnos un atracón. Otra solución a las dietas restrictivas es hacer un cambio de hábitos, ya que el no hacer ninguna actividad física es nuestro peor enemigo. Realizar algún tipo de actividad al día, aunque sea ir a andar a un paso mayor al habitual, ya mejorará nuestro aspecto físico.

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La alimentación y el ejercicio físico son importantes por igual para nuestro cuerpo.

Para finalizar, me gustaría dejaros los siguientes apuntes de mi mano:

  • Los cuerpos cambian con el tiempo, no te martirices porque hayas notado algún cambio que no esperabas. Mírate en el espejo y empieza a quererte de nuevo.
  • Si notas que necesitas mejorar en aspectos de alimentación, hazlo, pero no te prives de aquello que te gusta, aprende a tomarlo con moderación. Serás más feliz.
  • Si notas que has perdido forma física, apúntate a alguna actividad deportiva en la que, además de hacer deporte, puedas divertirte. Si lo tuyo no es el deporte, ponte unos cascos de música y a andar. Notarás el cambio físico y, el más importante, el anímico.

Gracias por estar ahí semana a semana. Cualquier duda, sugerencia, reflexión o comentario no dudéis en hacerlo. ¡Hasta la semana que viene!

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Factores predisponentes, precipitantes y mantenedores de la Anorexia Nerviosa

Para redactar este artículo me basaré en la propuesta de Toro y Vilardell sobre la Anorexia Nerviosa. Su teoría responde a las siguientes cuestiones: ¿Qué factores están más relacionados con el desencadenamiento de la Anorexia Nerviosa? ¿Qué sucede justo antes de iniciarse el episodio? ¿Qué la mantiene?

Últimamente, he leído en Internet entradas de blogs y posts sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria titulados: “¿Por qué a mí?, ¿Por qué a mi hijo/a? o ¿Qué hemos hecho mal?”. Este tipo de teorías explica cómo no todo es una casualidad ni sucede de manera arbitraria, sino que hay ciertos factores que incrementan la probabilidad de padecer un desorden alimentario en personas y en situaciones en las que nadie es culpable. Esa también es una idea muy importante a la hora de iniciar una terapia: tanto en la anorexia como en la bulimia NO hay culpables. Digamos que si reunimos ciertas características (psicológicas, familiares, sociales…) en momentos estresantes de nuestra vida, se puede desencadenar un Trastorno de la Conducta Alimentaria. A continuación os sintetizo esta teoría.

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Con respecto a los factores predisponentes, aquellos que aparecen mucho antes del episodio y que aumentan la vulnerabilidad de padecer este trastorno, es decir, factores que contribuyen a que se disparen los primeros síntomas, señalan los siguientes: factores genéticos, una edad comprendida entre los 13 y los 20 años, ser mujer, presentar síntomas de un Trastorno Afectivo (por ejemplo, depresión, ansiedad, inestabilidad emocional…) o que un familiar los presente, introversión, historia de obesidad o trastornos de la ingesta en familiares (señalan específicamente la obesidad materna), nivel social medio/alto, familiares con adicciones y que en el entorno más cercano la estética se implante como el valor dominante.

En lo que se refiere a los factores precipitantes, que son aquellos estresores que aparecen justo antes del episodio, unos meses antes, estos autores hacen mención de cambios corporales típicos de la pubertad (de peso, por ejemplo), separaciones de los padres, pérdida de la pareja o de amistades, rupturas conyugales en las que el padre se va de casa, primeros contactos sexuales, incremento rápido de peso, recibir o emitir críticas sobre el propio cuerpo, padecer una enfermedad adelgazante o un traumatismo desfigurador del físico, iniciar una dieta (y recibir refuerzo positivo por la nueva delgadez alcanzada), incremento significativo de la actividad física u otros acontecimientos vitales estresantes.

Y sobre los factores mantenedores o perpetuantes, aquellos que contribuyen a mantener la enfermedad, señalan: las consecuencias de la inanición (por ejemplo, la barriga hinchada debido a la desnutrición que hace pensar al enfermo que debe seguir adelgazando), la interacción familiar con respecto a la comida (presión para comer), aislamiento social (abandono de la pareja y de las amistades), pensamientos anoréxicos relacionados con la figura y el peso, actividad física excesiva y la iatrogenia que se refiere a los daños colaterales del tratamiento, por ejemplo, si éste es forzoso, si no se ha establecido una buena relación terapeuta-paciente, si el paciente abandona la terapia, etc., es decir, es un daño producido en el paciente debido a un acto médico involuntario.

Aunque esto es tan solo una teoría, su validez y fiabilidad es muy alta. Es tarea del psicólogo o terapeuta explorar todas estas áreas para conocer el origen del trastorno y las carencias pasadas y actuales del paciente para, a partir de ahí, trabajar hacia una solución. Con esfuerzo y constancia todo se consigue.

¡Muchas gracias por leerme!

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