¿Cómo enfrentarse al mal humor de nuestra pareja?

¿Cómo hacerle frente a esos días de mal humor de nuestra pareja? ¿Cómo gestionar su hostilidad? ¿Cómo evitar el caos?


 

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La primera idea que me gustaría transmitiros es que hay unos “truquillos” para que podamos atenuar el mal humor o los días grises de nuestra pareja…y voy más allá, de nuestro amigo/a, nuestra madre, padre, hijo/a, nuestro compañero de clase, de trabajo, etcétera. Es decir, de alguien con quien mantengamos una relación estrecha. Aunque hoy me centraré en el área de la pareja. Y hablo de estos “trucos” porque lo fácil ante el mal humor injustificado de la otra persona es dejarse llevar, y generar entre los dos un conflicto sin pies ni cabeza. Desde nuestra consulta de psicología en Vigo llevamos a cabo terapias cuyo objetivo es facilitarle a las parejas las herramientas necesarias para gestionar estas situaciones mejor.

El primer ingrediente que necesitamos es un minuto de calma, que nos permita distanciarnos del mal humor de la otra persona, tomar aire y pararnos a pensar “¿por qué se siente así?”. Siempre habrá una razón y de esta manera lo veremos desde otra perspectiva. En ocasiones será consecuencia de pequeñeces que se van acumulando y provocan, finalmente, ese estado de malestar. Otras veces tendrá que ver con un tema que está en la cabeza y que le afecta emocionalmente. También podrá estar relacionado con un día malo en el trabajo. O, simplemente, está de mal humor y punto.

Así que la EMPATÍA y ponernos en el lugar del otro, entenderle (que no tiene por qué implicar justificarle) es lo primero que debemos hacer y lo que más reconfortará a la otra persona. Esto se puede practicar repitiendo lo que la persona mal humorada ha dicho, clarificando que hemos recibido su mensaje, que la hemos escuchado y entendido. En este sentido, una manera de ser empático podría ser utilizar esta frase: “Pareces realmente cansado esta noche (aquí transmitimos nuestra comprensión), pero a pesar de eso quiero hablar de nuestros planes para el fin de semana”. Así, nuestra pareja va a enfrentarse a una conversación que quizás no le apetezca pero que se le ha comunicado de una manera atractiva y tranquila.

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A continuación cito otras formas de hacerle frente al constante mal humor de nuestra pareja:

  • Ignorar. Lo fácil y más accesible cuando alguien se dirige a nosotros borde o nos transmite su mal humor, es contestarle de la misma manera puesto que no nos parece justo. Pero cuando es nuestra pareja quien está así esto no va a servir de nada. Va a suponer una discusión gratuita. Lo mejor es no prestarle atención. En psicología a esta técnica se le conoce como extinción, que se traduciría en términos coloquiales: “¿Estás de mal humor?, pues no te voy a hacer ni caso. Esperaré a que se te pase”. Y así conseguimos que los síntomas se atenúen.
  • Desarmar ese momento de tensión con gestos positivos. Dar abrazos, caricias, besos…limará la tensión y el malestar de nuestra pareja.
  • Cambiar el tema hacia una actividad placentera para hacer los dos juntos. “¿Qué te parece si escogemos una peli y hacemos palomitas?”.
  • Utilizar el humor. Aunque pueda parecer una técnica sin sentido, sacar la lengua, hacer cosquillas, o algo que pueda hacer reír al cónyuge malhumorado puede ayudar a ponerle fin a esa situación.
  • Cuando una situación de mal humor es reiterativa e injustificada (por ejemplo, siempre te enfadas cuando estamos saliendo de fiesta) y la persona no sabe corregirlo, afectando esto a la pareja, lo mejor es distanciarse de ella por un tiempo y no dejarse influir por su mal humor. “Yo no voy a estropear mi noche porque tú estés de mal humor”.
  • Irse fuera por un tiempo. Abandonar el contexto en el que se ha generado la tensión, tomar aire y volver. Esta es una técnica de auto-control, y ayuda a ver lo sucedido desde otra perspectiva. Lleva el nombre de “time-out”. “Voy a dar un paseo. Vuelvo en veinte minutos”.
  • Trabajar lo primero que se dicen nada más reencontrarse. Que los saludos sean positivos y cariñosos. Lo primero que se dice tras un tiempo sin verse con la pareja puede evitar muchas situaciones conflictivas a posteriori. 

Como veis, son técnicas fáciles de aplicar y que pueden ayudar a evitar muchos conflictos en las parejas. Os animo a que las pongáis en práctica y os hagáis la vida un poquito más fácil.

En Adamia Psicología llevamos a cabo terapias personalizadas en las que analizamos todas aquellas áreas que están fallando en la relación y marcamos las pautas necesarias para que nuestro trabajo junto con el de los pacientes se convierta en una terapia de pareja exitosa.

Llámanos al 628 25 28 47

Escríbenos a adamiapsicologia@gmail.com

¡Te esperamos!

¡Hasta la semana que viene!

 

 

 

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Ocho hábitos para una pareja feliz

El ser humano es un ser sociable por naturaleza, que va evolucionando y viviendo en un mundo de relaciones personales de todo tipo. Es por ello que establecemos vínculos unos con otros, y estos vínculos se pueden transferir a familiares, a amigos, a parejas, a compañeros de piso, a compañeros de trabajo, etc. Cada persona ocupa un lugar en nuestra vida y nos aporta determinadas cosas. La mayoría de las relaciones requieren de ese equilibrio tan famoso del dar-recibir en el que la relación nos reporte beneficios, y también necesita alimentarse con el transcurso del tiempo para que no existan distanciamientos ni pérdidas de vínculo. Esto es lo que ayuda a que la relación perdure en el tiempo. Tenemos que regar las semillas para que crezca la flor.

Todo esto lo podemos entender también en las relaciones de pareja. No todo es encontrar a la que crees que es tu persona y dejar que el tiempo pase, en el camino hay esfuerzos que hacer y recompensas que recibir para que esa relación siga compensando a ambos. Recordemos que la RUTINA (¡que palabra tan fea!) es una de las grandes enemigas de las parejas y suele establecerse cuando nuestra relación deja de tener novedad o cuando se han perdido buenas costumbres.

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Por ello, os traigo hoy aquí ocho hábitos para una pareja feliz. Veréis que son actitudes muy sencillas de adquirir pero también muy fáciles de perder. Todos estamos capacitados para hacerlos, se necesita voluntad y constancia. No aseguran la felicidad, pero sí el bienestar en la pareja. Os invito a leerlos y a reflexionar sobre ellos.

  1. Acostarse al mismo tiempo. Las parejas más felices son aquellas que se resisten a la tentación de acostarse en diferentes horarios.
  2. Cultivar intereses comunes. Para mantener la pasión es importante tener varias actividades en común como salir al parque, realizar algún deporte, ir al cine…
  3. Caminar de la mano. Se recomienda andar cómodamente cogidos de la mano, para equilibrar los ritmos cardiacos, el paso…
  4. Confiar y perdonar. Los desacuerdos y las discusiones, hacen que las parejas se desgasten. Si no queremos que esto ocurra, lo mejor es encontrar la manera de perdonarse, de llegar a un acuerdo, de volver a confiar.
  5. Centrarse en lo que el otro hace bien. En lugar de resaltar los errores de la pareja, hacer hincapié en sus virtudes.
  6. Abrazarse al reencontrarse. Los abrazos ayudan a reducir el estrés, regular la respiración y los latidos del corazón, sentirse protegido y amado, olvidarse de los problemas.
  7. Decir “te quiero” y “buenos días”. La paciencia, la tolerancia, el afecto y la relación se cultivan con estas dos simples frases, que engloban muchos sentimientos.
  8. Decir “buenas noches”. Independientemente de cómo se sienta cada uno, un “buenas noches” es una especie de cierre para esa jornada, es una manera de apaciguar ese final del día, es un deseo de que el otro esté bien.

Como os decía, son consejos sencillos que todos podemos hacer. Cuesta muy poco trabajar esto en la pareja, y los beneficios son muchos. ¿Lo soléis hacer? Si no es así, ¿a qué estáis esperando? Os animo a que os pongáis manos a la obra ambos. Todo es cuestión de adquirir el hábito de hacerlo y “automatizarlo”.

Muchas gracias por leerme. ¡Hasta la semana que viene!

Dependencia emocional y adicción al amor

La dependencia emocional, ¿qué significa? Para explicar su significado en consulta yo suelo hacer una comparativa con la drogodependencia, es decir, con la dependencia física de una sustancia, porque considero que los síntomas son muy parecidos, tanto para la adicción como para la abstinencia. Y lo hago de la siguiente manera; dibujo un círculo y señalo que el 90% de ese círculo depende exclusivamente de la droga (por ejemplo, cocaína), y el 10% constituye la vida restante de la persona. De manera que si algo falla con respecto a ese 90% (si el sujeto no puede conseguir droga o se le priva de ella), el resto de áreas de su vida se desequilibran y aparecen las primeras manifestaciones del Síndrome de Abstinencia. Todo gira entorno a esa droga y esto reforzará la dependencia física y psicológica de la sustancia, su tolerancia y, en definitiva, la adicción a ella. En lo que se refiere a la dependencia emocional, los síntomas son muy similares. Hay un “quesito” muy grande de ese círculo que se llena sólo con una persona o con la necesidad de que exista esa persona, se pueden ir sustituyendo o reemplazando, y si algo falla o esto no se consigue afectará al 90% de la vida del sujeto, es decir, desestabilizará todo.

La dependencia emocional es un rasgo de personalidad y su origen podríamos situarlo en la infancia y en el estilo de apego adquirido. Mi conclusión siempre es que la dependencia, sea de algo físico o de algo psicológico, nunca es buena. Ninguna vida debe ni puede depender de una sola cosa o persona, esto es desproporcionado e insano. Le regalamos el timón de nuestro barco a otra persona. Citaré algunas de las manifestaciones de la dependencia emocional para entender sus riesgos.

Entre los síntomas de la dependencia emocional podríamos señalar los siguientes:

Se trata de un problema psicológico en el que una persona actúa de manera totalmente dependiente de otra persona (pareja, hijo, amigo o familiar) perdiendo ampliamente su personalidad y libertad interior, atada a pensamientos y opiniones de la otra persona.

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 Seis características del dependiente emocional:

  • Miedo a los cambios, al rechazo y al abandono.
  • Baja autoestima.
  • Necesidad de aceptación.
  • Idealización de la otra persona.
  • Necesidad excesiva de afecto.
  • No saber decir NO.

Algunas pistas para detectar una situación de dependencia emocional:

  1. Necesidad constante de estar comunicado con la otra persona.
  2. Desequilibrio de poder en la relación.
  3. Miedo y pánico a perder a esta persona. Esto puede manifestarse en forma de celos.
  4. Anteponer a la otra persona por delante de cualquier otra persona o situación.

Como comentaba un poco más arriba, la dependencia emocional es una necesidad muy profunda en la que gran parte de nuestra identidad depende de otra persona, ahí es donde empieza lo tóxico. Muchas veces, a partir de este tipo de situaciones se desarrollan relaciones tóxicas y pensamientos como: “Si te pierdo me muero”, “No soy nada sin ti”, “No necesito nada más en mi vida”, “O conmigo o con nadie”, etc. Todos ellos pensamientos de posesión y dependencia. Es importante trabajarla porque al tratarse de un rasgo de personalidad no sólo se tiene por qué manifestar en las relaciones de pareja, sino que también se proyectará en otro tipo de relaciones sociales y de apego.

Muchas gracias por leerme. No dudéis en contactarnos para cualquier consulta o curiosidad. ¡Hasta la semana que viene!