¿Cómo afronto un suicidio?

El hecho de perder a alguien importante, sea del tipo que sea esta pérdida, es algo doloroso para quien, por desgracia, le toca vivirlo. Desde el ámbito de la psicología consideramos que todo el mundo que se encuentra en un momento duro, debería sentirse acompañado y, además, conseguir superar el asunto en cuestión. En la semana mundial del suicidio queremos unirnos a la lucha que muchas familias llevan a cabo en momentos de desesperación, tristeza y culpabilidad cuando un familiar se quita la vida. Entendemos que son momentos muy difíciles, ya no sólo porque sabes que ya no está, sino también por la incertidumbre de si se pudo haber hecho algo.

Lo cierto es que lidiar con esos sentimientos no es fácil. Los sentimientos que pueden rodear a una persona que está pasando un proceso de duelo van desde la tristeza, ansiedad o impotencia hasta el enfado, la culpa o el shock. Además de los sentimientos, hay sensaciones físicas como la sensación de ahogo o pensamientos de incredulidad, preocupación o confusión. Hay muchas manifestaciones a lo largo del proceso de duelo pero el reconocimiento y disminución de todas ellas, permiten llegar al final del proceso, es decir, a la aceptación de la pérdida.

Duelo

Para llegar a dicha aceptación, hay que pasar un proceso de duelo, el cual es un proceso duro y doloroso que hace falta conocer para entender qué sentimos, por qué lo sentimos y cómo empezar a encontrarnos mejor. Este proceso se compone de 5 fases y, aunque no todas las personas pasan por las cinco fases, es muy habitual que se vayan sucediendo unas a otras. Las más conocidas y utilizadas por los terapeutas son las siguientes (Kübler-Ross, 2006):

  1. Negación: en esta fase no se entiende que lo perdido no va a volver, nos negamos a nosotros mismos lo que es cierto. Esta fase nos ayuda a dosificar el dolor de la pérdida, ya que deja entrar de golpe todos los sentimientos asociados a ella.
  2. Ira: la manifestación de la ira puede darse de diferentes maneras. En el caso del suicidio la ira puede darse contra la persona que falleció, contra uno mismo, contra sus seres más cercanos… la ira solamente será manifestada cuando nos sintamos lo bastante seguros como para saber que sobreviviremos al proceso de duelo.
  3. Negociación: en esta fase nos planteamos ciertos aspectos a mejorar en nuestro día a día, con el fin de que la pérdida que estamos sufriendo haya sido mentira y podamos volver a recuperarla. La negociación puede tener diferentes funciones como aliviar temporalmente el dolor que conlleva el duelo, permitir a la mente pasar de un estado de pérdida a otro o ser una estación intermedia que procura a nuestro corazón el tiempo que necesita para adaptarse.
  4. Depresión: aquí es donde el duelo se vuelve más profundo. Es importante que entendamos que esta depresión no es un síntoma de enfermedad mental, sino la respuesta adecuada ante una gran pérdida. Este periodo sirve para que evaluemos de forma real la pérdida, ayudándonos a reconstruirla de nuevo desde la nada.
  5. Aceptación: aceptar la pérdida no quiere decir que ya no pensemos en ella, sino que hemos aprendido a vivir así a lo largo de este tiempo. La curación del duelo se refleja en las acciones de recordar, recomponerse y reorganizarse. Por eso, no podemos tener miedo a aceptar a la pérdida, ya que aceptarla no quiere decir olvidarla, sino que podemos empezar a seguir nuestra vida de la mejor forma que podemos.

Se podría decir que estas fases son adaptativas, es decir, nos ayudan a superar la pérdida con el paso del tiempo. Hay personas que necesitan más tiempo para recuperarse y personas que necesitan menos. Lo importante es que nos sintamos arropados y podamos ir poco a poco siendo conscientes de la situación y dejando a un lado la culpa que podamos sentir. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando estas fases duran años?

Hay pérdidas que nos impiden aceptarlas y el proceso de duelo es desadaptativo, en este caso es conveniente que las personas busquen ayuda externa para que les ayuden a ir pasando por estas fases y a ir dejando todos los sentimientos y pensamientos asociados que no se lo permiten. Todas las pérdidas son duras y ningún proceso de duelo es agradable, pero sabiendo lo que ocurre en cada fase nos puede facilitar, en parte, conocer qué es lo que sentimos y por qué.

Desde Adamia Psicología mandamos un abrazo muy fuerte a todas las personas que estén pasando un momento complicado y doloroso. Os animamos a luchar a conseguir una aceptación que pueda satisfacer vuestra vida.

 

 

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