Andar como hábito saludable

Se acerca el verano y muchos de nosotros llevamos algunas semanas intentando tener un cuerpo “apto” para la playa. Es decir, empezamos la “operación bikini”. Esto es debido a que no nos notamos en forma, nos da vergüenza ponernos el bañador que tenemos guardado desde el año pasado o simplemente que creemos que tenemos que tonificar un poco nuestro cuerpo antes de exponerlo.

Debido a esto, llevamos a cabo prácticas en unos meses que no se parecen a lo que hacemos el resto del año. Nos proponemos dietas más estrictas, hacemos ejercicio más intenso y, la mayoría de las veces no conseguimos el hábito y lo dejamos a los pocos días. En mi opinión, el hábito más sencillo, menos costoso y muy saludable que podemos adquirir cuando queremos empezar a sentirnos activos y que nuestro cuerpo empiece a sentirse en forma es realizar una actividad física que todos conocemos: andar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la actividad física como “cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía“. Por lo tanto, un paseo a buen paso durante 30-60 minutos al día sería una actividad que no nos debería costar mucho realizar.

caminar

Además, dentro de las ventajas de realizar una actividad física de forma recurrente encontramos que reduce el riesgo de hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular, diabetes, cáncer de mama y de colon, depresión y caídas; mejora la salud ósea y funcional, y es un determinante clave del gasto energético, y por tanto fundamental para el equilibrio calórico y el control del peso. En relación con todos estos beneficios, os dejo un link en el que aparecen diversos estudios afirmando que andar reduce el riesgo de enfermedades físicas y mentales (como por ejemplo, la demencia). Además, con esta práctica nos exponemos menos a la contaminación atmosférica.

Conocidos los beneficios de coger el hábito de andar de forma constante, os animo a practicarlo poco a poco cada día. Aprovechemos ahora que el tiempo nos acompaña y adquiramos un hábito saludable en todos los sentidos. Al ser fácil de realizar, es más difícil que lo dejemos aparcado, como sucede con las dietas restrictivas y los ejercicios intensos. Vamos a sentir que nuestro cuerpo se tonifica de una forma saludable y veremos que nuestra cabeza también lo va a agradecer, ya que también podemos utilizarlo como momento de desconexión.

¡Lo importante es movernos! ¿A qué esperamos? Gracias por leernos.

Adamia Psicología
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